Claudia Arigón - Acompañante

"Los acompañantes debemos estar atentos desde nuestro lugar de trabajo para garantizar que las personas a nuestro cuidado se sientan seguras, tranquilas y en proceso de recuperación."

Claudia Arigón - Acompañante

Miembro del equipo profesional de FAMILIA

Desde que Claudia tiene memoria estuvo pendiente de sus seres queridos. "Estoy ligada a la salud de mi propia familia desde los 14 años. Hoy tengo 54", repasa. El recuerdo más difícil de superar fue el cuidado de sus propios padres: "Cuando se enfermaron hace unos años dejé el trabajo que tenía y me dediqué por entero a ellos".

"He aprendido el oficio más por experiencia que por otra cosa. Con ellos aprendí que cuando la medicina dice 'hasta acá llegamos', desde lo asistencial  y emocional hay que seguir peleando porque  la gente merece calidad de vida, confort y tranquilidad", expresa.

Claudia integra el equipo profesional de FAMILIA Acompañantes desde 2018 y se siente muy bien en su tarea. "He conocido a mucha gente de diferentes edades y patologías; en todos los casos mi actitud fue la de darlo todo para ayudar en lo que sea necesario".

 

La importancia de lo emocional

 

Lo emocional es, para Claudia, tan importante como el bienestar físico de las personas. Son como dos caras de una misma moneda. Para lograr ese equilibrio es importante estar preparados: "De ahí en más se verá qué hacer. La familia es la que debe decidir cómo vivir cada proceso de la mejor manera posible. Nosotros los acompañantes debemos estar atentos desde nuestro lugar de trabajo para garantizar que el paciente se sienta seguro, tranquilo y en proceso de recuperación", comenta.

"Me tocó asistir a una persona de 90 años que tuvo su primera internación. ¿Te imaginás como afectó eso sus emociones? Claudia recuerda que al verla tan mal le dijo que no tenía por qué angustiarse: "Nuestra misión es apoyar, cuidar y acompañar, y sobre todo dar fuerza y esperanza. Nunca bajar los brazos, nunca entregarse... hay que pelearla porque la vida es una y es hermosa".

Su mejor consejo para cuando la angustia nos desborda es muy simple: "Si hay una situación que te supera emocionalmente, no te tomes el ómnibus en la esquina. Caminá cuatro, cinco, seis cuadras.  Despejá tu mente, pensá en otra cosa. Hay que sacar del organismo lo que preocupa y angustia y al otro día, todo se puede ver diferente", remata.