Odilia Valdez (79)

"Tienen un personal con mucha calidez humana, siempre brindando amor y cariño. Todos los acompañantes que conocí han sido excelentes en el trato, muy respetuosos y transmiten mucha energía positiva. Estoy muy contenta".

Odilia Valdez (79)

Socia de FAMILIA Acompañantes y del Hospital Militar


En su juventud trabajaba en la oficina de personal de Alpargatas. Un día su esposo compró un taxímetro y le preguntó si lo quería manejar. Respondió sin dudar: "¡me encantaría!"

Mirando atrás, Odilia Valdez dice ser una mujer con mucha suerte por haber tenido la oportunidad de elegir una ocupación compatible con el espíritu libre y fuerte que siempre tuvo. "Nunca tuve una mala experiencia ni nada. Después, cuando me jubilé, me dediqué a vagar" agrega graciosa.

Ese espíritu que fue su bandera y le marcó el paso, hoy la obliga a enfrentar su enfermedad con calma, firmeza y determinación. Odilia tiene 79 años y sufre de leucemia.

Junto a su esposo eran antiguos socios -por más de 24 años- de otro servicio de acompañantes y quiso cambiar. "Mi esposo es socio de la Asociación Española pero yo no y de todas maneras salió muy bien. Llamé y pregunté si la antigüedad era un problema y me contestaron que no había ningún inconveniente".

 

Un equipo fantástico


El tratamiento la obligó a coordinar con FAMILIA en varias oportunidades y en cada caso la respuesta fue inmediata. "Hasta ahora conocí como diez acompañantes distintos y todos han sido excelentes... Estoy muy contenta. Incluso una mañana que iban a internarme en el Hospital Militar me demoré un poquito y llegaron antes que yo. Eso significa que tienen un personal excelente, con mucha calidez humana, siempre a una la tratan bien, con amor y cariño".

"Soy una persona mayor y he tenido la suerte que me han acompañado personas jóvenes que transmiten mucha energía positiva" reconoce, "pero también estuve con una persona que tenía más o menos 50 años pero era muy jovial y eso es a lo que me refiero. Estoy fascinada, han sido todos fantásticos".

El tratamiento de Odilia prevé futuras internaciones. "Ahora necesito estar más quieta, en lo posible aislada. Pero una o dos veces por mes hago un paseíto porque si no acá dentro de mi casa me aburro".

La acompaña en todo momento Graciela. "Ya a esta altura es como si fuera mi hija, es una amiga muy querida, me lleva al hospital, me trae, vamos juntas a todos lados. Vive a la vuelta, estamos pegaditas y cualquier cosa estamos ahí nomás.  A mí me dice 'mami' y a mi marido 'papi' a pesar de que ella tiene a su mamá. Su padre lamentablemente no, pero su mamá es conocida nuestra y nos llevamos muy bien, es fantástica".

Lo que la salva a Odilia es el optimismo, el apoyo familiar y de amigas incondicionales como Graciela, el rosario interminable de gestos de fuerza y aliento de su doctora o de sus acompañantes. Y sobre todo su esposo, con quien cumplió cincuenta años de casados y que para ella "¡es como un santo, una cosa increíble!

"La verdad es que he tenido mucha suerte en la vida. A pesar de la enfermedad y todo... he tenido suerte".